La Tormenta
En mi interior se levanta una tormenta donde las olas de angustia amenazan con hundir la barca de fe que Dios me ha confiado.
En medio de esta lucha interior avanzo entre mis angustias, intentando abrirme paso en las aguas turbulentas que golpean mi espíritu cansado.
Pero entonces, en medio del ruido de la tormenta, una voz suave desciende del cielo trayendo una verdad olvidada:
“La oración es la llave de todas las puertas.”
Una frase que antes parecía simple, casi trivial, ahora se convierte en el faro que guía mi naufragio.
Con lágrimas en los ojos veo cómo las puertas que creía selladas comienzan a abrirse, revelando aquello que había guardado con esperanza: las promesas de mi Padre.
Entonces me levanto, revestido de su gracia, y clamo con fe:
“¡Tormenta, en el nombre de Jesucristo, detente!”

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